Coleccion Revista “Punto de Vista”

Revista “Punto de Vista” famosa e historica publicacion cultural de Argentina. Dirigida por Beatriz Sarlo, y en la que han colaborado: Pepe Nun, Emilio De Ipola, Jose Arico, Juan Carlos Portantiero, Hilda Sabato, Ricardo Piglia, Carlos Altamirano, Oscar Teran, por nombrar algunos.


Punto de Vista es una revista de cri­tica literaria, cultural, estetica, de historia de las ideas y de los intelectuales, de sociologi­a cultural y poli­tica, de analisis cultural y de los medios masivos. Su campo es el de las ideologi­as contemporaneas tanto en sus manifestaciones arti­sticas como de pensamiento. A lo largo de 25 años se ha propuesto ser un instrumento de actualizacion teorica en estos campos, de difusion, produccion de debates y establecimiento de li­neas de analisis y nuevas hipotesis.

Breve historia de Punto de Vista

Punto de Vista publico su primer numero en marzo de 1978, en las condiciones sombri­as de la dictadura. Carlos Altamirano, Ricardo Piglia y Beatriz Sarlo, que habi­an participado de la direccion de la revista Los Libros, clausurada por el ejercito en 1976, coincidieron, con algunos dirigentes de la izquierda revolucionaria, en la necesidad de vincular los restos dispersos del campo intelectual. Juntos dieron comienzo a la revista, en situacion de semi-clandestinidad y, sobre todo, de secreto en lo que concerni­a a su relacion con la poli­tica (representada entonces por quienes iban a desaparecer en agosto de 1978, Eli­as Seman, Ruben Kristkausky y Abraham Hochman).

En esa etapa de invisibilidad casi total, Carlos Boccardo diseño el logotipo que la revista tiene desde entonces; Hugo Vezzetti y Mari­a Teresa Gramuglio participaron desde las primeras reuniones y Jorge Sevilla presto su nombre para que la publicacion no saliera en las condiciones de un sospechoso anonimato. Junto con otros intelectuales, que corrieron riesgos acercandose a la revista, se trataba de asegurar un espacio, precario de publicacion para un puñado de cri­ticos, escritores y artistas que habi­an quedado desarticulados tanto respecto del medio academico como del campo cultural.

Despues de la guerra de Malvinas, se sumo a la direccion Hilda Sabato, con quien la revista habi­a coincidido en el repudio de esa aventura final de la dictadura militar. A partir de 1983, la revista se amplio, incorporando a intelectuales que retornaban del exilio, y, entre ellos, sumo a su consejo de direccion a Jose Arico y Juan Carlos Portantiero. En ese año, Punto de Vista, supera la marginalidad extrema, se conecta con intelectuales mas jovenes y define un nuevo lugar en el marco de la transicion democratica, despues de haber reconsiderado las ideas con que los primeros miembros del grupo habi­an pensado y actuado en la primera mitad de los setenta.

Adrian Gorelik se incorporo a la direccion en 1992, y en 1995, se formo un consejo asesor en el que participan Raul Beceyro, Jorge Dotti, Rafael Filippelli, Federico Monjeau y Oscar Teran.

La coleccion que aca comparto cuenta de los primeros 75 numeros de la revista

El Numero 1 se edito en Marzo del 78 y el Numero 75 en Abril del 2003.
Cada numero de la revista esta en pdf y pesan entre 6 a 12 MB. Por lo cual, si bajan la coleccion completa juntaran la friolera de 600 megas aproximidamente (ideal para grabar en un CD).

Numero

01-10 (72.91MB)

11-20 (81.47MB)

21-30 (96.12MB)

31-40 (81.72MB)

41-50 (80.90MB)

51-60 (79.95MB)

61-70 (75.82MB)

71-75 (42.85MB)

Numero 37

Finalmente les dejo la nota de despedida de la revista escrita por Beatriz Sarlo.

Beatriz Sarlo, Final

Durante treinta años, Punto de Vista fue la mayor y mas constante influencia sobre mi vida. Otros podran discutir si ha sido una revista influyente; sobre mi­, no tengo dudas.

En el verano de 1978, cuando Carlos Altamirano, Ricardo Piglia y yo la planeamos junto a Eli­as Seman, un desaparecido de Vanguardia Comunista, intui­ que lo que comenzaba en aquel momento opuesto a todo optimismo seri­a el eje de mi trabajo y que yo era responsable de que la revista subsistiera contra todas las predicciones.
Hacer la revista como casi invisible resistencia a la dictadura fue una tarea que muchos juzgaron inutil porque sus peligros pareci­an mayores que lo que podi­a obtenerse en terminos de un debil agrupamiento intelectual. En enero de 1978 no se sabi­a cuanto iba a durar la dictadura y esa misma ignorancia inclinaba hacia dos posiciones opuestas. Por un lado, estaban quienes pensaron que la permanencia de los militares en el mediano plazo no abri­a ninguna luz para una estrategia de reorganizacion de las fuerzas que esos mismos militares estaban liquidando, y que no vali­a la pena correr riesgos para alcanzar resultados cuya insignificancia no los compensaba (eso le explico a Mari­a Teresa Gramuglio un exiliado notable, cuando ella llevo los primeros numeros a Mexico). Por otro lado, quienes pensaban, igualmente equivocados como lo demostro la historia, que los militares prolongari­an su dominio de terror, juzgaban, por esa razon, que habi­a que comenzar a cavar pasadizos subterraneos, desde ese mismo momento. Gente de este segundo grupo publico el numero 1 de Punto de Vista en marzo de 1978. Habi­a que comenzar a hacer algo enseguida, incluso sin esperanzas y peligrosamente.

Este origen le dio a Punto de Vista un caracter beligerante, aun cuando ese rasgo fuera una condicion secreta; de todos modos, quienes haci­amos la revista sabi­amos que ella era lo que teni­amos para oponernos a la dictadura. Trabajabamos con el tiempo: si la dictadura se prolongaba, la revista iba a ser, durante muchos años, nuestro unico instrumento intelectual, tanto mas indispensable cuanto mas largo fuera el regimen de los militares. Punto de Vista nacio como revista marginal, underground, opositora, alternativa, lejos de cualquier institucion.
Eso me marco para siempre. Nunca, cuando se recupero la democracia y entramos a la universidad, me senti­ del todo en aguas propias. Las unicas aguas que he navegado, durante treinta años, con la certeza de que son mi espacio natural fueron las de esta revista independiente de la academia, de los subsidios, de las editoriales, de los grandes medios, de la vida normalizada y sus servidumbres. No quiero decir que todos los que pasaron por esta revista sintieran esa misma distancia. Solo digo que esa distancia hizo fuerte a la revista que me intereso dirigir.

Los cambios de Punto de Vista durante las ultimas tres decadas son parte de la historia del progresismo argentino (aunque muchas veces, quienes sintieron antipati­a o se diferenciaron de la revista pusieran en cuestion que ella permaneciera como miembro pleno de esa franja). Por suerte, no me toca a mi­ hacer esa historia. La conozco con los li­mites, la abundancia de detalles, el color, la nitidez y la miopi­a de quien la ha vivido. Sin usurpar una posicion que no me corresponde, puedo evocar los cimbronazos y las transformaciones.

A fines de 1982, con el comienzo de la transicion democratica, debimos aprender de nuevo casi todo. Por ejemplo, como hacer una revista que ya no fuera solamente el medio que un grupo mi­nimo de intelectuales invento para atravesar la dictadura; aprender como se hace una revista cuya definicion ya no podi­a seguir siendo unicamente oposicional. Tambien en ese momento, la revista, sin que esto lo hubieramos anticipado, se corrio de aquel primer espacio oscuro y marginal. Llegaron los exiliados, nos juntamos con Pancho Arico y Juan Carlos Portantiero, gente que se habi­a ido de la Argentina con un prestigio que consolido en Mexico. El grupo local de Punto de Vista debio aprender una convivencia que se demostro tan deseada como difi­cil y, finalmente, imposible.

Pero eso no fue todo. Me permito recordar una anecdota que tuvo, para mi­, un valor de ironica revelacion. En ese primer tercio de los ochenta, un di­a cualquiera, el suplemento cultural de Clari­n publico una nota donde se mencionaba la categori­a “campo intelectual”. Hasta ese momento, solo en Punto de Vista se habi­a hablado de Pierre Bourdieu (como solo en esta revista se escribio primero sobre Raymond Williams, Juan Jose Saer y, mas tarde, Sebald). Lei­ la frase con curiosidad sorprendida, porque Punto de Vista, aun cuando nada pareci­a indicarlo poco tiempo antes, habi­a hecho llegar algunas de sus obsesiones teoricas a los medios (que, como automatas de la primicia, siempre fueron avaros en reconocerlo). Del margen del margen pasabamos al centro del margen, aunque en este transito nada iba a ser sencillo porque, al mismo tiempo que teni­amos que inventar la nueva Punto de Vista de la democracia, habi­a que pensar las relaciones de la revista con otro mundo, el de los medios y las instituciones, que hasta ese momento no habi­an sido nuestro problema porque eran inaccesibles.

Durante la transicion democratica Punto de Vista publico la posicion que habi­an mantenido sus miembros contraria a la aventura militar en Malvinas. Ese arti­culo, escrito por Carlos Altamirano, habi­a estado precedido, durante la guerra, por un documento donde la denunciabamos y nos sustrai­amos a la fiebre guerrera de masas. De esa coyuntura de extrema soledad, me queda el recuerdo de una carta polemica que yo envie a los exiliados en Mexico cuando ellos no cuestionaron la invasion a Malvinas, y la llegada al consejo de direccion de Hilda Sabato, que habi­a compartido con la gente de Punto de Vista los meses de insoportable delirio patriotico. Tambien en los primeros años de la transicion, la revista comenzo a revisar el pasado de la izquierda de donde proveni­an sus miembros. En una coyuntura donde nadie queri­a pensar los años setenta, ese acto de cri­tica poli­tica nos trajo ataques envenenados. Pero, mas alla del negacionismo parcial de nuestros adversarios, la revista se propuso tomar el tema del momento: la memoria del pasado inmediato, sobre la que Hugo Vezzetti trabajo durante casi dos decadas.

En estas tres cuestiones, Punto de Vista se adelanto al debate, como se habi­a adelantado a una lectura de la literatura argentina en relacion con la historia reciente, que hoy no conserva ninguna novedad pero que la teni­a en los ochenta, cuando fue una clave interpretativa. Señalo estos temas como podri­an señalarse otros. Tengo la impresion de que respecto de Malvinas, de la cri­tica de los setenta, de la memoria, y de lo que entonces era lo nuevo de la literatura argentina, la revista sintonizo el presente como debe hacerlo una publicacion que no aspira a la actividad conservadora de recopilar buenos arti­culos, sino a que viren los ejes del debate.

Precisamente porque la revista pudo ser contemporanea de su presente, estuvo en condiciones de cambiar: se fueron algunos, entraron otros al consejo de direccion. Y con los nuevos, como Adrian Gorelik, llegaron temas a los que Punto de Vista les dio su marca. Se hablo de ciudad y de cultura urbana cuando esa no era la moda. Durante los años noventa, vivi­ obsesionada por la idea de que una revista debi­a definirse por lo que trai­a como novedad estetica e ideologica. Pense (y pienso hasta hoy) que es preferible que una revista se equivoque a que permanezca igual a si­ misma cuando las cosas cambian o cuando los temas se banalizan. Una revista define problemas que le son propios, porque no los elige en el carroussel de las novedades periodi­sticas nacionales o internacionales, sino que demuestra su capacidad para hacer las preguntas y abrir los debates que no se escriben en otras partes. Por supuesto, en el caso de Punto de Vista, dimos una batalla por la modernidad estetica depreciada por todas las ondas, incluso las que hoy se apilan en el deposito de los chirimbolos obsoletos. La revista no se atuvo a las tendencias, pero supo reconocer que los topicos de la modernidad debi­an ser reformulados cri­ticamente. En los ultimos años, Federico Monjeau, Rafael Filippelli y Ana Porrua fueron articulaciones muy diferentes de un giro estetico de la revista que, al mismo tiempo, siguio creyendo que la poli­tica y la estetica debi­an convivir en sus paginas no porque sus relaciones fueran sencillas sino precisamente por lo contrario: porque son conflictivas, y Punto de Vista siempre vivio del conflicto.

Una revista tiene que reunir cualidades paradojales; ser, al mismo tiempo, un instrumento preciso y nervioso. Por eso es tan difi­cil y tan absorbente hacerla, porque una revista no puede encarar el presente con intermitencias ni confiar en un capital acumulado. Cuando se dirige una revista el alerta es constante frente al acostumbramiento (que es mortal) o la incapacidad para conocer su actualidad (una revista vive en tiempo presente). Solo cuando una revista es un instrumento imprescindible para quienes la hacen, solo cuando no pueden imaginar que podri­an reemplazarla por otra cosa, una revista sale bien, es decir no sale tranquila y ordenada, sino inquieta, irritante. Una revista independiente nunca puede descansar ni sobre su pasado ni sobre lo que cree saber de su presente. išnicamente en estos terminos vale la pena dedicarse a ella. En estos terminos podra eventualmente marcar una diferencia.

Dije al principio que Punto de Vista es la influencia mas importante de mi vida; fue agotadora, absorbente, atacada, incluso detestada. La necesite para ser lo que soy porque nunca crei­ que alguna otra institucion podi­a darme mas de lo que esta revista me dio durante treinta años. En primer lugar, un grupo de intelectuales que, en sus momentos mas intensos, tuvo una fuerza colectiva; en segundo lugar, una escritura: no un lugar donde escribir, sino una manera de escribir sobre literatura y poli­tica. Si tiene algun valor lo que he escrito, lo mejor lo he escrito en Punto de Vista; no hay nada que me guste mas que ese impulso que, despues de lei­da una novela o en medio de una coyuntura poli­tica, me conduce de modo irrefrenable a escribir para la revista. Ella (no sus lectores) me pedi­a lo que yo terminaba escribiendo.

Durante mucho tiempo, algunos compañeros tuvieron como yo la certeza de que Punto de Vista era la clave de boveda de su vida intelectual. Quizas me equivoque, pero creo que ahora soy la unica que necesita esta revista tanto como la necesite en el pasado, hace treinta años o ayer mismo. Se puede hacer una revista con diferentes grados de inclusion, pero el deseo de revista es indispensable. Ese impulso teni­a un fondo colectivo que hoy percibo debilitado, distrai­do. Entiendo que Ana Porrua y Rafael Filippelli no deben sentirse descriptos por estos dos adjetivos. Pero no alcanza, porque Punto de Vista ha sido siempre una revista de arte e ideas.

Podri­amos seguir produciendo buenos i­ndices y recibiendo buenos arti­culos, pero algo ha comenzado a fallar y es mejor reconocerlo ahora, cuando no se ven consecuencias, que en un capi­tulo decadente. Una revista que ha estado viva treinta años no merece sobrevivirse como condescendiente homenaje a su propia inercia. Por eso el numero 90 es el ultimo.

Nota. Punto de Vista no atraviesa hoy ninguna dificultad economica y podri­a seguir apareciendo, como hasta ahora, sin avisos editoriales, ni institucionales, ni otras ayudas. Las tres veces que la revista recibio subsidios (de la Fundacion Pablo Iglesias, de la Fundacion Antorchas y de la Secretari­a de Cultura, gestion Dari­o Loperfido) los utilizo en proyectos especiales, como la realizacion de i­ndices, cd de coleccion, etc. Siempre se sostuvo con su venta en kioscos, libreri­as y suscripciones. Siempre crei­mos que una revista independiente debi­a serlo tambien materialmente. En ese aspecto, no quisiera callar un agradecimiento: a la serenidad de Guillermo Arenas, que imprimio la revista desde su primer numero hasta este, y a Dari­o Brenman, que la distribuyo de modo leal y entusiasta.

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